
En los años 80 los plumas
Pedro Gómez encarnaban el lujo discreto y el estatus de la juventud acomodada madrileña, mientras en Londres nacía
GAM, una gestora pensada para los grandes patrimonios que querían acceder a los mejores gestores del mundo. En los 90, la prenda mutó en icono macarra, símbolo de rebeldía, apropiación de la calle y libertad nocturna, y GAM rompía moldes a su manera como pionera de la gestión alternativa e independiente. Hoy, los Pedro Gómez renacidos, los fondos de GAM y una fintech como IronIA comparten